Carlos Esgueva. Montgat (Barcelona).Entrevista publicada en el diario El Pais el 27 de octubre del 2011
“Mi jornada es muy rutinaria, no tiene mucho interés”, avisa Carlos Esgueva, concejal de Hacienda, Financiación económica e Investigación de Montgat (10.500 habitantes, Barcelona). Nada más lejos de la realidad. La denominación de la Concejalía y el perfil de su responsable indican que el día no será anodino. Esgueva, economista y analista financiero de profesión, trabajó durante años en multinacionales. Su tarea: buscar inversores. Eso mismo está intentando desde que en junio accedió al cargo.
Asegura que, acostumbrado a la empresa privada, la llegada a la administración fue “un choque frontal”. El volumen de burocracia y los defectos de organización son su principal preocupación. “Es la gestión del caos”, admite. La última consecuencia: el Ayuntamiento (CiU y ERC) no ha presentado a tiempo la liquidación de 2010, así que el Ministerio de Economía les ha retenido en octubre los 138.809 euros que le corresponde por su participación en los tributos del Estado.
La jornada de Esgueva empieza a las nueve de la mañana. Lo primero, mirar la agenda y preparar las reuniones del día. El pasado jueves, como muchos otros días, toca charlar con alguna entidad financiera. La deuda actual, que asciende a 358.000 euros, no es una preocupación para el consistorio, que tiene un presupuesto de 11 millones. Pero lo puede ser en breve, ya que el Ayuntamiento deberá pedir un crédito de un millón de euros para hacer frente a dos expropiaciones forzosas.
En una segunda reunión, el concejal recibe a una de las empresas de servicios contratadas por el consistorio. Se trata de una ronda de encuentros con todas las compañías de esta índole, ya que el nuevo equipo de gobierno ha encontrado muchas irregularidades en los contratos, relativas a precios y procedimientos. Son flecos que deben solventarse rápido para desencallar el volumen de facturas que esperan a ser pagadas. No son muchas, pero sí de importes elevados: alrededor de un millón de euros.
En un lado de la mesa se amontona, de forma amenazadora, una montaña de unos 150 expedientes diarios a revisar, entre facturas, órdenes de transferencias, informes de intervención e incidencias de facturación. Entre reunión y reunión el concejal dedica unas dos horas a repasarlos. “Qué son, por qué se pagan y si hay forma de hacerlo más barato”, es el mantra que repite Esgueva a cada nuevo expediente que abre.
El edil debe dejar libre su diminuto despacho, de unos cinco metros cuadrados, que comparte con el concejal de Recursos Humanos. Esgueva se queja de que los medios con que cuenta son “muy precarios”, especialmente en cuanto a la gestión y a los sistemas informáticos. “Casi todo se hace en papel y de viva voz y eso disminuye nuestra productividad. Tenemos que ser más ágiles”.
Las tardes libres que le deja su función pública, las dedica a gestionar su empresa, una consultora en la que trabajan siete personas. El concejal debe combinar los dos trabajos para complementar el sueldo público de mil euros que percibe.
Durante este mes, la faena se le acumula en el Ayuntamiento. La prioridad es cerrar el ejercicio de 2010, que espera hacer en los próximos días. Aún así, el concejal teme no llegar a tiempo y quedarse también sin la transferencia del Estado correspondiente a noviembre. La demora en las cuentas es algo habitual para Montgat, que acostumbra a presentarlas con un retraso de entre 16 a 24 meses. Uno de los motivos, es que el Ayuntamiento cuenta con interventor desde hace dos años. Además de la liquidación del presupuesto, en la lista de tareas del concejal está también la elaboración de las nuevas ordenanzas y el presupuesto para el próximo año. “Eso significa trabajar por las noches”, afirma resignado Esgueva. La jornada será larga.






























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