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Autor Tema: La última subasta pesquera cantada y abierta de Catalunya, camino a la jubilació  (Llegit 778 cops)

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La venta de Montgat, abierta a diario a quién quiera pujar, cuenta con solo dos pescadores, que dudan que haya relevo generacional cuando se jubilen
Salvador prepara la pesca del día para la subasta de Montgat (Javier Torres)


La subasta de la lonja de Montgat se celebra cada día laborable que el tiempo lo permite (Javier Torres)

Pasan las 11 de la mañana y Salvador ya ha descargado en el Port del Masnou varias cajas de langostinos y algunos peces más que han caído en las redes esta noche. Él y su Xeitosa, el nombre de su pequeña embarcación, salen a diario al trasmallo, un arte menor de la pesca cada día menos habitual. Una de las técnicas tradicionales, de las que no requiere de una gran tripulación, solo habilidad y constancia. Ingredientes con los que, desde hace dos o tres años, Salvador lleva su captura a la subasta de pescado de Montgat, la última de toda Catalunya cantada y abierta al público particular. Que con el paso de los años ha ido perdiendo fuerza, y que a día de hoy solo cuenta con dos pescadores, tras los cuales poco relevo generacional se antoja. Por no decir ninguno.


Cada día laborable que el mar lo permite, la lonja de Montgat, en el paseo marítimo de la localidad, acoge una de esas ventas tradicionales que se han ido perdiendo con el paso de los años en los municipios costeros. A eso de la una del mediodía, en un pequeño espacio cuadrado equipado con bancos de madera y un techo de plástico para proteger del sol, se expone la pesca de la jornada y cualquiera puede acercarse a hacer su puja para llevarse una bandeja de langostinos, calamares, rapes o sepias recién pescadas. Desde hace algunos meses, además, los pescadores avisan cada mañana a través de la página de Facebook ‘El Rotllo de Montgat’ de si habrá venta, y muestran los vídeos de la captura del día anterior. Modernización para evitar que haya alguien que se presente y no encuentre mercancía, debido a mala mar o alguna otra causa que haya impedido salir a faenar.

Salvador prepara la pesca del día para la subasta de Montgat (Javier Torres)

“Es la segunda vez que venimos, expresamente para esto. Es algo muy interesante y familiar”, explican Joan Ramon y Assumpta, que se acercan desde Barcelona solo para la subasta. Se enteraron de su existencia a través de conocidos de Badalona, y vienen a intentar hacerse con algún chollo. “Tienes que venir con la mente abierta, sin ningún objetivo en particular. Te esperas al final, y te puedes llevar por buen precio lo que no ha querido nadie”, aconsejan. Salvador empieza a cantar en voz alta y rapidísimamente los precios, según captura. Después de varias rondas, la pareja se va con un par de bolsas de langostinos, como otros tantos clientes. A diferencia de Benjamí, que, al menos hoy, ha hecho de espectador. Lleva 8 años viniendo, desde que cerró la subasta cantada de Badalona. “Cada vez hay menos pescadores, se está perdiendo y es una pena”, lamenta.



Salvador prepara las bandejas para la subasta de Montgat (Javier Torres)

Al final de la cantada, unas 20 personas pueden haber hecho su puja. La cifra de compradores siempre ronda los 20 o 30, de media, afirma el presidente de la Confraria Verge del Carme y el patrón de la otra embarcación que trae su captura a Montgat, Ángel Domínguez. Pueden sacar entre 100, 150, 200 euros de media, dependiendo del día: “Algunos más, algunos menos, y otros que nada, si no podemos salir...”, añade Bieto. Pero la profesión se ha endurecido con los años, en lo que a situación y a legislación se refiere. “Hay que aguantar muchas cosas malas. Hay que pagar una familia, un barco, hay que comer...y cuando vas a trabajar con hambre, solo pierdes”, asegura Domínguez, quién celebra que éste ha sido un buen año por meteorología, pero que es el primero después de muchos en los que se han ido manteniendo o yendo a menos.

El tiempo y las condiciones de pesca son dos de los factores que a veces también juegan en contra del sector, sobre todo en lo que a la acción del hombre se refiere. En una zona costera como la de Barcelona, tan poblada, el incremento de suciedad y de residuos se ha notado mucho, y eso perjudica las jornadas en el mar. “En los últimos 5 años se ha notado mucho; hubo sobre todo dos temporadas en las que el aumento de plástico que recogíamos fue muy significativo. Es un problema porque a veces tenemos que dejar de calar por la porquería”, aqueja Salvador. Eso sí, admiten que la zona del Maresme está bastante limpia si la comparas con las cercanías de Barcelona.


Los pescadores preparan las bandejas para empezar la subasta de Montgat (Javier Torres)

Los factores externos tampoco ayudan a solucionar el problema del relevo generacional. La Confraria Verge del Carme, que agrupa profesionales de Montgat, Masnou y Premià, cuenta a día de hoy con cinco embarcaciones, tres de las cuales suben a vender a Arenys o Blanes, donde la infraestructura de las lonjas es mucho mejor. En la propia base de Masnou, a la que las autoridades les obligaron a mudarse hace años desde las playas, no cuentan ni con surtidores de combustible ni con máquinas de hielo, únicamente con una báscula para pesar la captura, que se ha instalado este mismo año. “Y quedaremos tres casi seguro”, avisa Ángel. “Uno se jubilará pronto, y otro compañero podría jubilarse pero todavía aguanta”, detalla Bieto.


La cofradía se queda sin local

La entidad se encuentra ahora con otro problema añadido a los de la profesión, propiamente dicha: este año se quedarán sin local. Deben abandonar el espacio que han ocupado siempre en Montgat, un inmueble privado, y no encuentran otra opción para quedarse en el municipio. “No hay locales, ni pagando ni sin pagar. Hemos pedido apoyo al Ayuntamiento pero no nos ayuda con el tema de la oficina, así que nos tendremos que ir de Montgat”, lamenta el presidente de la asociación. En principio, tienen hasta el mes de diciembre para abandonar el actual espacio y buscar un nuevo emplazamiento, aunque Bieto tiene claro que debería conservar la subasta.


Turistas curiosean en la venta de pescado de Montgat (Javier Torres)

Para ambos, la idea de futuro es clara: terminar la década de vida laboral que les queda en el mar y poder jubilarse. “Si después no hay relevo, se habrá acabado. La gente joven no quiere venir, y, si yo tuviera que aguantar ahora el mar de cero, no sé si lo haría”, apunta Salvador. “Si no nos sigue nadie, se terminará -pronostica Domínguez-. Para aguantar el tipo aquí hay que tener mucha escuela, porque hay que soportar mucho. Para nosotros, la pesca es algo que viene de hace años, lo tienes sin querer”./Javier Torres Montgat  :  La Vanguardia

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